Nestor Chayelle: Hassine Abassi : «La intervención de Estados Unidos en Venezuela es la más fuerte y violenta»

10/07/2019

Hassine Abassi, premio Nobel de la Paz, ofreció una entrevista, el 2 de julio de este año, a BBC Mundo, en la que aseguró que la intervención de Estados Unidos en Venezuela es muy fuerte y violenta.

Abassi, es uno de los representantes del Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez, la entidad formada por distintos colectivos sociales, para resolver las tensiones políticas suscitadas en el país árabe tras la revolución que derrocó a Zayn al-Abidin Ben Ali en 2011.

Sus esfuerzos, reconocidos con el premio Nobel de la Paz en 2015, contribuyeron a que Túnez sea considerado en Occidente como un ejemplo de democracia exitosa y respetuosa con los derechos humanos, pese a ubicarse en una región, el norte de África, caracterizada por la inestabilidad política y la acción de la grupos insurgentes islamistas.

Al contrario que otros países que se vieron inmersos en las revoluciones de la conocida como “primavera árabe”, Túnez logró consolidar un marco institucional democrático y resistir hasta ahora los intentos de desestabilización de grupos yihadistas y Hassine estuvo en medio de esta mediación.

¿Qué le puede enseñar la experiencia tunecina a la Venezuela actual?

No he venido a darle lecciones a nadie. Cada país tiene sus particularidades. He querido compartir con los venezolanos la experiencia del cuarteto que conformamos en Túnez. Aquello ocurrió en un momento particular y no se puede tomar como un modelo a seguir, pero sí se pueden tomar algunos puntos para que otros actores lo tomen en cuenta.

¿Cuáles serían esos puntos?

Hay ciertas similitudes entre la situación tunecina entre 2011 y 2014 y la situación actual venezolana. Nosotros también vimos los conflictos, las dificultades, el deterioro de la economía… También tuvimos intervenciones extranjeras.

No puedo decirles qué es lo que pueden tomar como enseñanza de nuestra experiencia. Depende de ellos.

Me encontrado con todos los factores políticos y con diferentes actores de la sociedad civil y les he hecho un llamado porque Venezuela está en peligro y por su bien hay que dejar las diferencias de lado y sentarse en una mesa de diálogo.

Y también les dije que la base para que sea exitoso es que el diálogo tiene que ser entre venezolanos. Los arrebatos de extranjeros con intereses en Venezuela no influyen positivamente.

En Venezuela la intervención extranjera es la más fuerte y la más violenta, porque es un país sumamente rico y por sus recursos naturales.

Ese es un argumento que habitualmente utiliza el gobierno para justificar lo que sus detractores consideran una mala gestión económica o pura corrupción. ¿No teme con este discurso estar fortaleciendo a Maduro?

Dice que mi postura se parece a la de Maduro, pero es mi opinión personal y la de cualquier persona que siga la situación de este país.

La oposición en Venezuela está apoyada por quien quiere inmiscuirse en los asuntos del país. Estados Unidos quiere aglomerar mayor presión sobre Venezuela y su gobierno actual. Mi mensaje es un mensaje de paz. Cuando hablo con unos y otros mi intención es alejarlos de la guerra y de un conflicto.

Obviamente, quien está en el gobierno es quien tiene mayor responsabilidad y quien debe buscar soluciones. Pero las otras partes también tienen que interesarse por el bien de su país y tienen que liberarse de la intervención extranjera.

El diálogo es la base del éxito y yo apoyo un diálogo nacional, que no tenga influencias extranjeras. Les pedí que en la mesa de diálogo cada uno hiciera concesiones. Al gobernante le debe interesar buscar una solución para salir de la crisis. Eso amerita que ceda un poco. Se lo dije claramente.

Menciona la influencia de Estados Unidos, pero esa no es la única potencia extranjera que influye en defensa de sus intereses en Venezuela.

Yo no dije que sea la única intervención extranjera, sino que Estados Unidos es la que está reuniendo más voces a favor de sus intereses.

Pero también hay fuerzas regionales que tienen intereses en Venezuela. Y sé que el gobierno también tiene quien le apoye y tiene relaciones con Rusia y con China. Pero si uno pide apoyo extranjero, ¿cómo va a criticar que el otro lo haga?

La solución radica en que ambas partes salgan de esto y busquen el bien nacional a través de una reconciliación que lleve a la creación de un nuevo Estado en el que haya libertad de prensa y de expresión, en el que las instituciones puedan ejercer su rol y el país recuperar su democracia.

¿Le parece que Estados Unidos está jugando en el país un papel más perjudicial que el de Rusia o China?

El peso de toda intervención extranjera se mide por sus consecuencias. La intervención estadounidense es la más fuerte.

En primer lugar, sabemos que está presionando a muchos países para que se pongan en contra de un sistema socialista de justicia social. Lo sabemos desde hace muchos años. No es la primera vez que utiliza un sistema de bloqueo y hace que otros países lo ejecuten.

También quiere cuidar sus intereses y quizá no le interesa que a este gobierno le vaya bien. Los países que apoyan a Maduro tienen sus propios intereses, pero sabemos quién está ejerciendo mayor influencia política y quién es más fuerte política y militarmente.

Ahora quiero preguntarle yo a usted: ¿quién sancionó y quién bloqueó a Venezuela? Cualquier país puede tener una opinión contraria a otro, pero tomar sanciones unilaterales que bloqueen sus activos y sus recursos… ¿Qué culpa tiene el pueblo venezolano? ¿Qué culpa tienen los enfermos que no consiguen los medicamentos o el pueblo que se ha marchado en un éxodo masivo por el deterioro de la situación económica?

¿Le parece que los problemas económicos del país son resultado de las sanciones de Estados Unidos? Las dificultades se habían hecho evidentes en Venezuela antes.

Lo que empeoró la situación y terminó de hundir la economía fueron las sanciones y el bloqueo. Venezuela no es el mejor ejemplo a seguir en economía, pero es un asunto interno de su pueblo. El cambio tiene que venir desde dentro, no a través de un actor extranjero que apoya a una parte para arrodillar a la otra.

Usted tiene una larga trayectoria como dirigente sindical; ¿cree que la política de Estados Unidos hacia Venezuela es la que es porque el gobierno de Nicolás Maduro se declara socialista?

En Estados Unidos hay dos grandes partidos, los demócratas y los republicanos. Hay un consenso en que los republicanos son los más contrarios a los derechos de los trabajadores.

Los norteamericanos, sobre todo Donald Trump, cuando quieren intervenir en un país no dicen que su objetivo es cambiar el juego político. Lo que hacen es movilizar a todas las piezas como quieren y quien está en contra de sus intenciones lo paga bien caro.

No lo digo yo; todo el mundo lo sabe. EE.UU. presiona a los gobiernos para que sigan un sistema de economía liberal. No se dice claramente, pero el objetivo queda claro con el accionar solamente.

Usted se ha reunido con el señor Maduro y el señor Guaidó, y con las comisiones negociadoras de ambos. Siendo honesto y realista, ¿cree que es posible que se pongan de acuerdo?

Ya dialogaron y ese diálogo fracasó, no porque no se pusieran de acuerdo, sino por intervenciones extranjeras.

¿Puede explicar eso? ¿A qué intervenciones extranjeras se refiere?

Pregúntele a quienes participaron en esas mesas de diálogo. Yo no estaba en ellas, pero sé, por quienes estuvieron allí, que fueron presiones extranjeras las que hicieron fracasar el diálogo. Aunque no lo hicieran directamente. Ahora no vi mucho acercamiento entre las dos partes y vi que cada uno le echa la culpa al otro por lo que está ocurriendo.

Por lo menos hubo una receptividad inicial para ir a un diálogo a través de Noruega.

Hemos escuchado al gobierno muchas veces culpar a la oposición del fracaso de aquellas negociaciones y a la inversa, pero hasta ahora nadie había dicho que el diálogo fracasó por presiones extranjeras. Tengo verdadera curiosidad. Permítame insistir: ¿a qué presiones se refiere?

Le recomiendo que le pregunte directamente a las partes.

Lamentablemente, los periodistas en Venezuela nos encontramos con el problema de que no siempre tenemos acceso a los políticos.

En mi opinión, el comunicador social es también un luchador. Tiene que seguir su objetivo hasta lograrlo y no espere que vaya a resultar fácil.

La semana pasada el señor Guaidó se refirió a Nicolás Maduro como “un disociado”. Poco después Maduro lo llamó a él “bobo” y “palurdo”. En ese contexto, decirles a los venezolanos que el diálogo es posible, ¿no es engañarles? ¿no es en realidad venderles una ilusión imposible?

Desde fuera, si realmente se quiere a Venezuela, se tiene que presionar a las dos partes a que vayan al diálogo y hagan concesiones.

De la crisis tan grande que está sufriendo Venezuela van a surgir voces dentro del país que lleven a un diálogo nacional. En nuestra experiencia en Túnez también tuvimos insultos y palabras hirientes entre los partidos políticos.

No solo había insultos, sino también acusaciones graves, de asesinato o de haber propiciado atentados terroristas. Pero cuando lanzamos una iniciativa con apoyo popular se acercaron los puntos de vista de todas las partes. No es fácil. Hasta los últimos días de las sesiones del diálogo había gente que no se saludaba, pero al fin y al cabo todos entendieron que iban a bordo del mismo barco.

Y si no se salva el barco, nos hundimos todos.

La experiencia tunecina muestra cómo un intento de reconciliación entre actores no políticos presionó a los partidos para ponerse de acuerdo. ¿Ve hoy una posibilidad real de reconciliación entre la Venezuela chavista y la no chavista?

¿Hubo algún conflicto más duro o más cruel que el de Sudáfrica? ¿Le parece que lo que sucede en Venezuela es peor?

Los medios de comunicación tienen también una gran responsabilidad en esto y tienen que hacer presión a todos para que vayan al diálogo. Usted está buscando puntos que hacen pensar que el diálogo no funcionará y quiere hacer ver que estoy con una de las partes contra la otra.

Quien quiere buscar soluciones debe criticar a ambas partes. Nosotros queremos rebajar la tensión y acercar posturas. ¿Usted cree que hay una solución diferente al diálogo para la situación venezolana?

En otro contexto le daría mi opinión encantado, pero he venido aquí a hacerle una entrevista y la opinión relevante es la suya.

Mi opinión es esa: el diálogo.

No creo que nadie cuestione que la mejor salida posible es el diálogo pero hay muchas razones para dudar de que ese diálogo vaya a dar resultado en el contexto actual.

Cuando llamamos a un diálogo nacional en Túnez nos tildaban de locos y nos preguntaba si no teníamos nada mejor que hacer que perder el tiempo en un diálogo que no iba a prosperar.

Nos caricaturizaban, se burlaban de nosotros. Nos dedicaron infinitos artículos en los que dudaban de nuestra rectitud y recibimos muchísimas amenazas. La gente nos preguntaban por qué nos arriesgábamos a tomar esa iniciativa y por qué si éramos del sector laboral nos íbamos a meter en política.

Tuvimos toda clase de complicaciones y obstáculos, pero estábamos viendo que el país se hundía en una crisis y en una ola de terrorismo y violencia. Vimos que en todos los países árabes alrededor las revoluciones se estaban convirtiendo en guerras y nos dijimos que teníamos que hacer algo.

Usted que ha sido sindicalista sabe bien que a una mesa de negociación se acude siempre con una idea de cuál sería un acuerdo aceptable. ¿Cuál sería para usted un buen acuerdo para desbloquear la situación política venezolana?

Tengo muchísima experiencia en negociaciones en mi país y en el extranjero, pero las negociaciones políticas son diferentes.

Hay que trabajar mucho antes. Lo más importante es que el negociador conozca a todos los participantes, cuáles son sus fortalezas y debilidades, cuál es su capacidad para negociar. Debe evitar chocar o presionar a las partes. No hay que desesperarse ni apurarse.

El presidente de Túnez me comparó una vez con una hormiga, que trabaja mucho para luego poder tener lo que se necesita. Y gente así hay mucha, en Venezuela yo sé que hay miles así. Solo necesitan un poco de apoyo.

Seguramente hay en Venezuela gente muy capacitada. Estoy interesado, insisto, en cuál sería para usted un buen desenlace de este diálogo, en cuál sería un buen acuerdo para usted.

Usted insiste, pero yo no le voy a dar la respuesta que quiere escuchar. Puedo marearle, pero no voy a darle una respuesta. (Sonríe). Cuando tenga una respuesta se la daré.

Dice que en sus encuentros con Maduro y con Guaidó les ha dicho que ambos deben ceder. ¿En qué debe ceder cada uno? Si no quiere, no me conteste, pero le agradecería que no me maree.

No hay una respuesta. Si le respondo, no voy a ayudar. No quiero darle una contestación que pueda perjudicar a un posible diálogo.

Tenemos a Estados Unidos, al Grupo de Lima, a Rusia, a China, todos ellos presionando y opinando. Dice usted que deben cesar las presiones extranjeras, pero usted es un premio Nobel tunecino que está dando su opinión sobre cómo desbloquear la situación. ¿No hay una contradicción en eso?

Yo no me estoy inmiscuyendo. Estoy en contra de los conflictos, de las guerras y de la presión sobre los pueblos. Fui invitado para dar un consejo y lo estoy dando.

¿De verdad cree que hay un riesgo de guerra en Venezuela?

Pregúntele a quienes están en el gobierno y en la oposición, y a quienes están llamando a que se produzca esa intervención.

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